Crèixer en misericòrdia

La mitad de los filetes

En una audiencia general el papa Francisco expuso un ejemplo concreto de cómo educar en la obra de misericordia de dar de comer al que tiene hambre. Recordaba el ejemplo de tantos santos y santas que han dedicado su vida a quitar el hambre corporal y espiritual de tantas personas. Luego, pasaba a resaltar la figura de los padres actuales en la enseñanza de las obras de misericordia, que se han de asimilar con la práctica desde la infancia. Lo ilustró con esta significativa historia hogareña:

“Una vez, una madre, me contaban de otra diócesis, que quería enseñar esto a sus hijos, les decía que ayudaran, que dieran de comer al que tenía hambre. Tenía tres hijos. Una vez, el padre estaba en el trabajo y ella estaba sola con sus hijos a la hora de comer, sus hijos pequeños, de siete, cinco y cuatro años de edad. Llamaron a la puerta y había un señor que pedía de comer. Ella le dijo: ‘Espere aquí’. Volvió a la cocina y le dijo a sus hijos: ‘Es un señor que pide de comer, ¿qué hacemos?’. Ellos respondieron: ‘Le damos, le damos’. Cada uno de ellos tenía un filete de carne con patatas fritas en el plato. Ella les dijo: ‘Le daremos la mitad de nuestros filetes’. Pero ellos protestaron: ‘No, mamá así no funciona…’. ‘Es exactamente así, debes dar de lo tuyo’. Así esta madre enseñó a sus hijos a dar de lo propio. Este es un buen ejemplo que a mí me ha ayudado mucho. ‘Es que no me sobra nada…’ ¡No! ¡Da de lo tuyo! Así nos enseña la Madre Iglesia y vosotras, tantas madres que estáis aquí ya sabéis cómo debéis enseñar a vuestros hijos. A que ellos compartan sus cosas con quienes lo necesitan”. 

Esta pedagogía, a la que nos invita el papa, es muy importante. La familia ha de ser la primera escuela del compartir y de la generosidad. En otro tiempo las vidas de los santos ilustraron el ambiente familiar. Allí se descubría que la caridad no consiste solo en distribuir la sopa y el pan. Requiere de todo el amor del que uno sea capaz. Como diría san Camilo de Lelis, hemos de poner “el corazón en las manos”.

En el siglo XIX contamos con el ejemplo de la beata Rosalía Rendú, otra Hija de la Caridad. Con un pesado cesto en la mano repartía pan y alimentos en el barrio de Mouffetard en París. A sus hermanas solía decirles: “Cuando recorro las calles y veo a tantas familias a las que les falta el pan, se me encoge el corazón”. Al mismo tiempo trató de buscar un bien más duradero, implicando a jóvenes laicos en la misión, entre ellos al beato Federico Ozanam, para estudiar el perfil de los empobrecidos y ayudarles en una instrucción que les abriera futuro para una vida digna.   Una santa que propició el banquete, la alegría, el cuidar la repostería que sería ese querer endulzar la vida de los demás, fue la Madre María Rosa Molas i Vallvé. En los escritos de la Fundadora de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación encontraron unos atípicos textos: recetas de cocina (postres, dulces, turrones, licores y aperitivos). Dedicada a enfermos, niños y jóvenes, la santa repostera transforma las casas de miseria en casas de misericordia. Los residentes tienen comida caliente y ropa limpia. Viven en familia. En ella encuentran el corazón de una madre.

 Fernando Cordero ss.cc.