Crèixer en misericòrdia

Los tres peldaños de la misericordia

Santa Faustina Kowalska, tan admirada por san Juan Pablo II, en una sugerente oración, indica cuáles son los tres peldaños necesarios para entrenarnos en la senda de la misericordia:

“Tú mismo me ordenas que me ejercite en tres peldaños de la misericordia. Primero, la acción misericordiosa, de todo tipo. Segundo, la palabra misericordiosa: lo que no soy capaz de llevar a cabo como acción debe acontecer por medio de palabras. Tercero, la oración: en caso de que no pueda mostrar misericordia con hechos ni con palabras, siempre puedo recurrir a la oración. Mi oración llega incluso allí donde yo no puedo hacerme corporalmente presente. Oh Jesús mío, transfórmame en ti, pues tú lo puedes todo”. Cita esta bella oración el cardenal Walter Kasper en un libro recomendado por el Papa Francisco: La misericordia. Clave del Evangelio y de la vida cristiana.

 ¿Qué significa esto? Que si no es por la acción, porque no podamos o estemos imposibilitados; que si no es tampoco por la palabra, siempre nos queda la posibilidad de ofrecernos en la oración. Pero son, sin duda, tres peldaños necesarios. Ojalá que podamos subirlos todos. Porque si hablamos y no hacemos, podemos tropezar en la escalera de la vida. Y si hacemos pero no damos calor con la palabra, ¡qué hueco puede quedar el peldaño! Y si hacemos y decimos sin freno, sin referencia a Aquel que nos ama y que inunda nuestra vida, ¡qué incompletos!

 Los santos son especialistas en combinar bien los tres peldaños, en alzar escaleras que unen cielo y tierra, que aproximan los deseos celestes a este mundo nuestro. Quizá porque todos estamos llamados a la misma patria, dentro del horizonte de la misericordia. El cielo nunca será el “apartheid” de los buenos, ni de los de siempre, ni de los que se lo han ganado… Es la fiesta gratuita que intuimos cuando subimos poco a poco los escalones de la misericordia.

Para subir curiosamente hay que bajar. Porque es la humildad la que nos ayudará a “subir bajando”. En la escuela de María podemos aprender lo que es la vida oculta, callada, en disponibilidad a la Palabra y a cuantos nos rodean. Nos hace falta más escucha para poder atisbar estos peldaños tan necesarios. Peldaños de misericordia. Peldaños para ser puentes con otros. Peldaños que saben a cielo. Quizá porque el cielo cada vez está más cerca de esta tierra.

            Fernando Cordero ss.cc.