Crèixer en misericòrdia

Una nueva obra de misericordia

Miguel de Unamuno hace referencia a una obra de misericordia que podríamos añadir a las catorce anteriores. Y que, sin duda, a pesar del transcurrir de los años, sigue en plena vigencia, como una necesidad urgente: “Procuro ejercer la décima quinta obra de misericordia, esto es, despertar al dormido”.

Una obra de misericordia con tintes proféticos. Hay quizá tanto letargo, tantos brazos cruzados, tanta conciencia adormecida que ejercer la obra de despertar al dormido puede tener hoy día más vigencia que nunca. Despertar a los políticos dormidos, a los maestros, médicos, familias, sacerdotes… No podemos aletargarnos ante la realidad y sus desafíos.

Despertar al dormido en un mundo en el que si no va contigo el problema, miras para otro lado. Si los refugiados sufren, los vemos por la tele, nos conmueve la escena pero en la práctica seguimos igual. Nos hemos acostumbrado demasiado a una vida de letargo poco práctica y comprometida.

Últimamente me han hablado de una religiosa que vive y duerme en las calles de Barcelona, con los “sin techo”. Hace la misma vida que ellos y resulta que para ellos se ha convertido en una persona muy especial. Es el propio Jesús, a través de ella, el que se hace el encontradizo en la noche de la gran ciudad, en medio del calor o del frío, del que llega oliendo a alcohol o del que necesita un hombro para llorar. Testimonios así, tan poco conocidos, nos hablan tanto de que hemos de estar despiertos para tener los “ojos fijos en Jesús”, como afirma la Carta a los Hebreos.

Gracias, Miguel de Unamuno, por ese interesante aporte, incisivo, quizá incluso molesto. Porque molesta cuando te despiertan. Siempre queremos dejar un rato más de espacio para el sueño. La realidad nos urge como adviento continuo de un nuevo sueño: el de Dios, que es probablemente el más despierto.

Fernando Cordero ss.cc.