Viure la misericòrdia

Amor hacia los ancianos más pobres

La residencia geriátrica de las Hermanitas de los Pobres acoge 87 residentes y 19 hermanitas, que siguen los pasos de Juana Jugán, la fundadora de la congregación

Pocos días se pueden recibir lecciones de vida tan grandes como la que dan las Hermanitas de los Pobres, que afirman que se puede ser feliz haciendo felices a los ancianos. Con más de 153 años de vida en Barcelona, la ciudad condal acoge la primera casa de la congregación que se fundó en España. A pesar del salto temporal, su apostolado es el mismo que decidió su fundadora Juana Jugán en el año 1839: servir a los pobres. Y lo hacen cuidando a los más de 85 residentes que viven en la casa de la plaza Tetuán. La madre superiora, sor Pilar de la Preciosa Sangre, lo define como una gran familia ya que todos se ayudan entre ellos, dentro de sus posibilidades, para que la labor de las hermanitas salga adelante día tras día. Sor Pilar explica que, en uno de los ejercicios espirituales de las hermanas, un sacerdote les dijo que no concebía "una hermanita que se vaya a dormir sin estar cansada. Si no está cansada es señal de que no ha hecho su deber de hospitalidad".

Horario pautado

Es imposible no cansarse después de todas las tareas que llevan a cabo las hermanas que acompañan y ayudan a los ancianos. Aunque cada una de ellas tiene una misión —comedor, farmacia, mendicantes—, se deben a un horario general que deben seguir: a las 6.30 h se levantan y, media hora más tarde, se reúnen en comunidad para rezar laudes y hacer oración personal. Seguidamente, levantan a las personas mayores que necesitan ayuda porque el desayuno de los residentes es a las 9 h. Hacia el mediodía, hay una misa en la que participan aquellos ancianos que lo deseen y, a las 13.30 h, se sirve la comida en el comedor. Las hermanas comen algo más tarde y realizan una reunión comunitaria. A las 17 h siguen con su labor hospitalaria y, hora y media más tarde, rezan el rosario. A las 19.30 h son las vísperas y la cena de los enfermos, y media hora después tiene lugar la cena de los válidos —aquellos que pueden valerse por sí mismos. A las 21 h es la cena de la comunidad y, tras las completas, se van a dormir.

Dar y recibir

Los residentes también tienen funciones diversas a lo largo del día: desde ir a planchar al ropero hasta coser, hacer trabajos manuales, ayudar en el comedor o en la portería. Sólo así, participando en lo que buenamente pueden, se sienten útiles y felices. Los ancianos, además, cuentan con médicos, oftalmólogos, odontólogos, peluqueras y fisioterapeutas que les facilitan su día a día. Aunque la vida comunitaria no da pie a aburrirse, los residentes tienen su espacio personal en sus habitaciones. Todas ellas son individuales para propiciar que se sientan como en casa. Sin embargo, los matrimonios pueden solicitar los apartamentos disponibles — que cuentan con dos camas, una cocina y un baño compartido. El beneficio es mutuo: los ancianos pueden compartir los últimos años de su vida sintiéndose útiles y las Hermanitas de los Pobres reciben la experiencia de estas personas y su afecto.

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La fuerza de Dios

Detrás de todo esfuerzo está Dios, ya que confían en la providencia. A partir de sus benefactores, de la colecta del día a día y de las pequeñas pensiones que reciben de los ancianos —les dan un 15% para que no piensen que se quedan sin nada—, pueden llevar a cabo su tarea de alimentar, cuidar y asistir a los ancianos. Aunque parezca que no haya relación alguna, las Hermanitas de los Pobres también han sufrido la crisis pero siempre saben encontrar la fuerza en Dios: "Muchas veces no había comida suficiente para todos, así que dábamos todo lo que teníamos a los ancianos y nosotras simplemente íbamos al comedor y nos sentábamos a esperar que pasara la hora. Curiosamente, cuando estábamos en esta situación, siempre picaba en la puerta algún benefactor con comida. Y sólo puedo decir que, desde que se creó esta casa, aún no hemos pasado hambre. Ni un día". Y es que el amor de Dios hacia los más pobres es infinito y misericordioso.

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Itziar Bravo

Periodista de l'Església de Barcelona