Viure la misericòrdia

Isa Solà, carta de Misericordia

En este Año de la Misericordia, la hermana Isabel Solà, misionera de Jesús-María en Haití, ha cruzado el umbral de la Puerta Santa del Cielo. El 2 de septiembre, cuando hacía algunas gestiones para su taller ortopédico de San José, donde acudían los más pobres a recuperar su dignidad con un nuevo brazo o pierna, unas balas atravesaron su cuerpo y la dejaron compartir la suerte de su amado pueblo haitiano. Lo que no logró el terrible terremoto, lo consiguieron unos desventurados en una moto.

Lo increíble de esta historia es que haya tenido que morir Isa para enterarnos de todo lo que estaba entregando a lo largo de los años en el país más pobre de América y previamente en Guinea Ecuatorial. Escucharla en el programa Pueblo de Dios de TVE o leer esa maravillosa recopilación de “Cartas desde Haití”, su correspondencia con familiares y hermanas de Congregación, de la revista Vida Nueva, nos enclava en la hondura de una vida para Dios y para los hermanos. En el corazón de la Iglesia, Isa ha vivido la misericordia. Tocada su alma por tanto sufrimiento, por el desgarro de niños entre escombros, por vida que se escapaba por la sepultura de la indiferencia, nos transmite la grandeza de quien sin creer saberlo todo, se pone a la altura de los más pequeños para crecer en la fe. Y para servir, hasta el extremo de sus fuerzas y jugársela con la violencia que aturde la convivencia pacífica de los que no cuentan.

El papa la citó en el Ángelus de la canonización de la Madre Teresa de Calcuta. Isa una Teresa de Puerto Príncipe, la monja de los pies, que desde el anonimato de un trabajo en cadena y en equipo, lo ha dado todo por Dios y por los pobres. Su Pascua nos deja la huella de un verdadero regalo con sabor a Evangelio. Evangelio sin glosas ni interpretaciones. En estado puro. Su sonrisa, su mirada, su manera de tratar a los pacientes era la de quien ha compartido tanto con un pueblo arruinado, que cualquier detalle de vida y superación se convertía en ocasión de la más sincera gratitud. 

Isa Solà nos insta a que no se rompa la cadena de la Misericordia, del Corazón de Dios que se da a los más bienaventurados, los pobres. Ella tan buena fotógrafa de la alegría de quien estrena un nuevo brazo o una pierna que devolvía esperanza, nos muestra la fotografía de la Iglesia samaritana. Sin hacer mucho ruido, en medio de un pueblo olvidado, hoy tu muerte nos compromete a dejar estructuras pesadas y estar más cerca de los que vieron hundidas sus expectativas y rajado el techo de sus ilusiones.

Gracias, Isa Solà, porque con testimonios como el tuyo somos de verdad Iglesia de Jesucristo, el Señor de la Misericordia. Tus cincuenta y un años han sido una epístola escrita desde el Corazón de Jesús.

            Fernando Cordero ss.cc.
(Imágenes extraídas de www.infovaticana.com y www.perioditadigital.com)